La predicción de Fidel

El delfín de Chávez heredó una revolución que se le escapa de las manos
EFE

El delfín de Chávez heredó una revolución que se le escapa de las manos

Hugo Chávez le contó al periodista Jon Lee Anderson que una vez Fidel Castro le advirtió públicamente que debía mejorar su seguridad, diciendo: “Sin este hombre, esta revolución se acabará de inmediato”. Un año después de la muerte del líder bolivariano, la predicción del ex mandatario cubano parece estarse cumpliendo.

La Venezuela gobernada por Maduro desde hace semanas está sumida en una espiral de protestas que tiene en jaque la administración de Nicolás Maduro, el delfín del fallecido presidente. El descontento por la pujante crisis económica, la escasez de alimentos y la alta inseguridad (que Chávez de alguna manera mantenía a raya con su carisma) estalló a los pies de Maduro el pasado 12 de febrero. Estudiantes universitarios y opositores reaccionaron a la inacción de Maduro para hacer frente a los graves problemas.

Las calles de Caracas y otras ciudades del país petrolero han sido escenarios de multitudinarias protestas que han degenerado en violencia, cobrando la vida de 18 personas y centenares de heridos. Ambos bandos se acusan recíprocamente por la violencia. Desde el gobierno los manifestantes son llamados “fascistas”, entre otros adjetivos descalificativos manidos de la “izquierda” latinoamericana.

No se puede negar que desde las filas universitarias y opositoras hay sectores radicales que pretenden por la fuerza expulsar a Maduro de Miraflores (casa presidencial), opción que analistas serios, como el venezolano Luis Vicente León, estiman poco conveniente. Sacar a Maduro del juego significa que otro chavista extremista asuma el poder que, sinduda, procedería del ala militar. Algo que no compete dilucidar ahorita, ya que la protesta ciudadana ha expresado que el fin que persiguen no es derrocar a Maduro.

El reclamo de la mayoría de estos estudiantes y opositores resulta absolutamente legítimo. Luis Vicente León resumió las demandas de la población venezolana: “Es imposible ocultar el descontento con un modelo controlador e intervencionista, que sólo ha empeorado la economía, dejando un país donde hay que hacer colas gigantes para comprar leche o azúcar. Donde no hay carros, ni baterías ni repuestos. Donde los principales anuncios de las empresas ya no son sus comerciales de nuevos productos e innovaciones, sino su cronograma de cierres de plantas por ausencia de materia prima. Donde la diferencia entre el dólar oficial y el dólar negro se cuenta en miles por ciento. Donde la corrupción y la ineficiencia han sustituido al béisbol como el deporte nacional. Donde salir en la mañana es una ruleta rusa, en la cual la duda no es si te van a robar, secuestrar o matar… sino cuándo y dónde”.

Todo este complejo panorama se cierne sobre un Maduro prepotente y torpe, que maneja la situación como si de una guerra se tratara. El presidente no ha entendido que la calle volvería a la calma con acuerdos que sanen Venezuela. En cambio, Maduro ha optado por la violencia para sofocar a los detractores (algo jamás hecho por Chávez) empeorando más el sentir estas personas que reclaman por sus derechos.

La semana pasada Maduro propuso “un diálogo nacional”, ¿pero cómo participar en esta conversación –que ha demostrado ser un soliloquio– cuando la otra parte es ninguneada, y cuando en las cárceles quedan cientos de personas detenidas por el hecho de gritar “basta Maduro”? “No queremos diálogo con pistola en la cabeza”, reclaman los estudiantes.

Es evidente que Maduro no tiene ni heredó la chispa de Chávez. Tampoco ha reparado en que la revolución que comandó el “Comandante Galáctico”, en palabras de Heinz Dieterich, ex asesor de Chávez y autor de”Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI”, “no tuvo nada de socialista”. En tanto, Maduro se pierde en una nebulosa retórica que lo mantiene elucubrando conspiraciones “del imperio y de la derecha fascista” para desbancarlo, cuando en realidad quien lo defenestrará será su propia incapacidad. Nicolás termina siendo reflejo de la sarta de funcionarios neófitos y corruptos que siempre rodearon a Chávez.

Por eso la predicción de Fidel parece estarse cumpliendo. Sin Chávez la revolución bolivariana se acabará de inmediato. Apenas ha pasado ¡un año! y Maduro ya está embaucado. ¿Cuántos días le quedan a la revolución encargada a Maduro? Usted decídalo, mientras el delfín de Chávez llora este cinco de marzo ante la tumba del “apóstol revolucionario”.

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