El Papa Francisco y el Cardenal caído

El recién pasado 7 de enero escribí en mi perfil de Facebook, a propósito de un artículo aparecido en la revista digital venezolana La Patilla sobre el Papa Francisco y su posible próximo nombramiento de cardenales, el siguiente comentario:

“El Papa, siendo latinoamericano, no debe estar para nada ajeno a los excesos del pernicioso castrismo-chavismo que se cierne sobre millones de víctimas inocentes de nuestro subcontinente, quienes han visto cómo sus libertades y niveles de vida merman.

“No sería remoto que, tal como lo hizo Juan Pablo II al nombrar un cardenal que hiciera de contrapeso a “la noche oscura” nicaragüense, ahora de nuevo un papa nos mande una nueva herramienta espiritual de tal magnitud que nos permita tener con qué defendernos efectivamente de los excesos oficiales.

“Ojalá que, en nuestro caso, algún día se vuelva a dar el milagro.”

Gracias a nuestro Creador, el milagro se repitió una vez más. No estábamos, pues, tan lejos de la realidad, dado que a tempranas horas del domingo 12 de enero recién pasado nos enteramos que el Papa Francisco elevó al rango de cardenal a nuestro propio Arzobispo de Managua, Monseñor Leopoldo Brenes.

Miguel Obando y Bravo

Miguel Obando y Bravo

Tal como sucediera con el Cardenal Miguel Obando y Bravo (nombrado por Juan Pablo II en mayo de 1985), pareciera que la Iglesia Católica ha escuchado, en cada ocasión, el lamento de sus ovejas. Recordemos que en aquella ocasión la designación como cardenal de Obando y Bravo sirvió para oxigenar una iglesia que era acosada por un régimen que la persiguió tenazmente, habiendo llegado incluso hasta la politización irrespetuosa de la misa oficiada por el propio Papa Juan Pablo II en Managua, durante su visita en 1983.

Hoy en día, a pesar de que la dinámica pareciera haber cambiado, aún podemos observar que las relaciones Estado-iglesia no están en su mejor momento. Es evidente, incluso, que la encargada de las comunicaciones oficiales del gobierno, doña Rosario Murillo, lidera su propia secta oficial, la cual se caracteriza por contar con imaginerías de falsos profetas y cuya promoción se difunde a través de unas alocuciones rituales repetidas hasta la saciedad por los medios oficialistas. Dicha desviación de la Iglesia católica es adornada, entre otras cosas, por árboles metálicos de inspiración esotérica, abarrotados altares que retratan el mesianismo oficial y miríadas de luces navideñas multicolores que quedaron congeladas en el tiempo; es entre esta fastuosidad donde gusta presentarse el “Cardenal Miguel” (como le llama doña Rosario), presidiendo espiritualmente en medio de tanto derroche.

Nos imaginamos que el nuevo Papa, quien ha impulsado desde el inicio de su llegada al Vaticano la austeridad y el servicio abnegado de su Iglesia, habrá pensado que se hizo impostergable la necesidad de cambio en esta provincia eclesiástica, promoviendo ahora un pastor que a lo largo de su vida se ha caracterizado por una palpable y genuina humildad. Por el contrario, Obando y Bravo parece haber caído en la tentación de lo mundano, la adoración del lujo y la tolerancia a las injusticias gubernamentales, por lo cual era de esperarse la corrección del curso por parte de la propia cabeza de la Iglesia romana, primero a través del nombramiento como Arzobispo de Managua de Monseñor Brenes, y luego con su elevación a Cardenal.

No sólo eso, sino que, además, el Vaticano también nombró hace algún tiempo a Monseñor Silvio Báez como auxiliar de Monseñor Brenes, constituyéndose esta yunta de hombres preclaros en la única alternativa para hacer que el poder tiránico escuche la voz del pueblo, que es la voz de Dios.

Con su decisión, pareciera que nos quisiera decir a lo lejos el Papa Francisco… “No tengan miedo.”

About Humberto Castilla
Humberto Castilla

Asesor Migratorio y Manager de VISA PARA UN SUEÑO. Activista por los Derechos Políticos y Civiles en las Redes Sociales.

blog comments powered by Disqus